Muere Nafer Durán Díaz, el acordeonero que García Márquez sacó del concurso

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Muere Nafer Durán Díaz, el acordeonero que García Márquez sacó del concurso

El maestro huilense Nafer Durán Díaz, legendario acordeonero de la música vallecaucha, falleció dejando un legado que representa la identidad musical de la región opita y su influencia en la cultura colombiana.

Nafer Durán Díaz se fue con el sonido del acordeón entre las manos. El maestro huilense, referente de la música vallecaucha y emblema de la tradición acordeonera del Huila, dejó de existir esta semana, llevándose consigo décadas de maestría en un instrumento que define la identidad sonora de los opitas y del valle de la Magdalena.


Lo que hizo insigne al acordeonero duraneño no fue solo su destreza en las teclas. Fue un episodio que quedó grabado en la memoria de quienes conocen la historia del Festival de la Leyenda Vallenata: Gabriel García Márquez, el escritor de Macondo, lo declaró fuera de concurso porque consideró que su nivel de virtuosismo superaba la competencia misma. No era un reconocimiento que se daba al paso. García Márquez no entraba a cualquier lado con su palabra, menos en un certamen que él mismo ayudó a forjar como emblema de la música vallaca.


Esa decisión, más que anécdota, marcó a Durán Díaz como uno de esos músicos que trascienden su región sin necesidad de buscar fama. Los huilenses lo reconocían como maestro, no como celebridad. La diferencia es profunda: un maestro forma escuela, influye en generaciones, deja técnica y sensibilidad en quienes lo escuchan o lo siguen. Durán Díaz hizo exactamente eso durante años en la capital huilense y en los municipios cercanos, sosteniendo viva una tradición que compete con la identidad opita tanto como el bambuco o la gaita.


La música vallecaucha, patrimonio en riesgo


La muerte de maestros como Nafer Durán Díaz plantea una pregunta incómoda sobre la transmisión de saberes culturales en territorios como el Huila. El acordeón no es solo un instrumento; es la voz de un mundo rural que habla de amores, de tierra, de sobrevivencia. En el Huila, donde la identidad musical ha encontrado expresión en géneros como el bambuco y las viejas cumbiambas de los pueblos, la vallecaucha ocupaba un lugar especial: era la música del comerciante, del trabajador, del hombre que viajaba entre regiones.


Mientras generaciones de jóvenes huilenses crecen mirando pantallas, los espacios donde se transmitía este conocimiento de forma viva y orgánica se reducen. No hay cifras oficiales de cuántos acordeonistas formados por maestros como Durán Díaz continúan tocando en el Huila, pero cualquiera que transite por calles de Neiva o pueblos como San Agustín sabe que el sonido del acordeón es cada vez menos común en las plazas, en las verbenas, en los cumpleaños de barrio.


Un legado más allá de las notas


Lo que Nafer Durán Díaz dejó en la región no puede medirse en discos vendidos ni en premios ganados. Su legado está en cada huilense que creció escuchando acordeón en una tienda, en una fiesta, en la radio local. Está en los pocos músicos que aún practican el género con la seriedad que él le dedicó. Y está, de manera particular, en la certeza de que García Márquez vio en él a un maestro digno de reconocimiento, algo que, en un país donde los músicos de provincia suelen quedar invisibilizados, no era un asunto menor.


La Gobernación del Huila y las instituciones culturales de Neiva tendrán que decidir si documentan el legado de maestros como Durán Díaz, si recopilan sus grabaciones, si entrevistan a quienes lo conocieron. No es nostalgia: es conservación de un patrimonio vivo que se desvanece cada vez que un maestro se va sin dejar registro, sin que la próxima generación conozca sus técnicas, sus secretos, la historia que guardaba en las manos.


Nafer Durán Díaz no está. El acordeón huilense pierde una voz que no volverá a sonar de la misma forma.


Gentil javela - Dime Media
Contenido elaborado con asistencia artificial, verificado y editado por el periodista

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